Letra: José M. Contursi
Música: Mariano Mores
Versión: Pablo Roset

Un gran poema, sentido, dentro de un arreglo para violoncello y 4 voces. Grisel, esa muchacha abandonada es el eje de la profunda culpa del personaje de la poesía (¿Contursi?). Se corporiza sonoramente en el violoncello, que -en idas y vueltas- emerge y también se esconde entre las voces. El abandono y la congoja comienzan a manifestarse ya desde el inicio en las solitarias notas del violoncello. Luego, la voz de la contralto lleva adelante la melodía y la letra, alternando contracantos con el cello y el resto de las voces. El final del tema encuentra al cello acompañado por las 4 voces en un Si bemol mayor que recuerda la alegría del reencuentro que, se sabe, efectivamente ocurrió.
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